La respuesta al VIH en población indígena de Guatemala

La respuesta al VIH en población indígena de Guatemala

En Guatemala hay una población que es mayoría, pero enfrenta condiciones de minoría: los pueblos indígenas. La desigualdad social los pone en desventaja frente a la población no indígena en muchos ámbitos, y el de la salud no es la excepción.

Más específicamente, hablar de VIH con los pueblos originarios requiere tomar en cuenta que en Guatemala se asientan 24 de ellos, cada uno con su idioma y con diversas visiones del mundo. Para acercar servicios de prevención y atención como los que ofrece AHF Guatemala se han llevado a cabo estrategias que tengan en cuenta esta diversidad.

Una población invisibilizada

El censo de población de 2018 contabilizó que, de los 14.9 millones de guatemaltecos, el 44% son indígenas. Sin embargo, otros estudios señalan que la población indígena asciende al 60%, es decir, la mayor parte de los habitantes del país.

Sin embargo, según lo que recuerda Saúl Paaú, Director de Programa de AHF Guatemala, hace apenas una década, cuando la organización llegó al país, los servicios de salud no registraban este dato de sus usuarios. “Era un reto muy grande para nosotros porque ¿cómo justificamos las acciones con esta población? ¿Cómo la visibilizábamos?”.

Estas preguntas surgían porque los organismos de financiación requerían datos para poder otorgar recursos a intervenciones en la población indígena. Como no se generaban tales datos, daban por hecho que no había una problemática que atender.

En este punto coincide Humberto López, Gerente de Prevención, Testeo y Vinculación de AHF Guatemala, quien señala que los grupos indígenas han estado marginados históricamente, “con poco o ningún acceso a educación o a servicios de salud en general, no digamos servicios de salud de calidad”.

A esto se suma la geografía diversa del país. Es un territorio pequeño pero con largas distancias entre una comunidad y otra, lo que contribuye a que los servicios sean limitados y a que muchas personas tengan que desplazarse durante horas para llegar a un centro de salud.

“Llevamos los servicios a la población”

Marleny Negreros es Gerente de Abogacía en AHF Guatemala, y recuerda también los inicios del trabajo de la organización en el país centroamericano. Una de las innovaciones que implementaron fueron las jornadas de detección de VIH en espacios abiertos, una actividad que el Ministerio de Salud no concebía, pues hasta ese momento cualquier servicio de ese tipo se brindaba dentro de las clínicas.

“El ministerio no creía en los espacios abiertos, no había trabajo extramuros. Esas fueron barreras a romper para decirle al ministerio que esto sí funciona, porque estamos llevando una prueba confidencial y rápida a la población, y la población no tiene que ir a buscarla”, explica la activista.

Fue ese mismo acercamiento con los pueblos originarios el que les permitió tener un panorama más realista sobre sus necesidades, y se pudo ver con más claridad el impacto del VIH en esta población.

“El resultado de ese trabajo fue que se comenzara a tener capacitación, reuniones con otras organizaciones aliadas, para poder hacer esos diagnósticos que era tan importante y necesario hacer”, comenta. “No se puede generalizar porque cada región tiene sus particularidades, pero el construir esas bases es lo que ha ayudado a que el trabajo sea exitoso”.

El impacto del VIH

Cuando AHF comenzó a trabajar en Guatemala, casi el 65% de la población con VIH era diagnosticada en fase de sida, es decir, cuando ya presentaba el síndrome desencadenado por el virus (y que se evita tomando tratamiento). “De ellas, se perdía casi la mitad, que no regresaba después del diagnóstico y no tenía acceso al tratamiento. Seguramente esa gente falleció”.

El trabajo de la organización se enfocó entonces en tratar de cambiar las prácticas del sistema de salud, impulsando el uso de las tecnologías más modernas como las pruebas rápidas, cuyo resultado está listo en 20 minutos y que las personas ya no tuvieran que esperar las 24 horas que tardaban en entregarles un resultado. 

La abogacía en este sentido funcionó y hoy en día el Ministerio de Salud también ofrece pruebas rápidas a nivel comunitario, igual que otras organizaciones civiles. Actualmente, la población diagnosticada en fase de sida es de 50%, es decir, 15% menos que al inicio.

Estrategias sin etiquetas

Frente a la gran diversidad de pueblos originarios, uno de los grandes retos que implica trabajar con ellos es la barrera del idioma. Para superarlo, Saúl Paaú explica que la forma de trabajo que AHF replica en todo el mundo ha sido muy efectiva: buscar personal que pertenezca a cada comunidad. Así no sólo se soluciona el problema de comunicación, sino que también se cuenta con una asesoría de primera mano para acercarse de la manera más respetuosa a la cultura local.

Y esa cultura local también involucra la visión del mundo que tienen estos pueblos. Una característica importante que se ha observado es que las personas indígenas no están cómodas con las etiquetas. Es decir, los pueblos indígenas no suelen distinguir orientaciones sexuales, sino que aquello que cada quien haga en la intimidad no es tema de discusión pública.

“Por ejemplo, a nadie se le cuestiona si no está casado. Si eres mujer y no tienes una pareja hombre, no vas a ser cuestionada; si eres hombre y no tienes una pareja mujer, o compartes con otro hombre, no vas a ser cuestionado, sino que se piensa que tipificar a la población es empezar a subdividirla, empezar a ofenderla”, aclara Saúl.

Así, los servicios de AHF Guatemala están abiertos para todo el público. Lo mismo puede llegar una ama de casa que un hombre que tiene sexo con otros hombres o mujeres y hombres que se dedican al trabajo sexual. Tanto las prácticas sexuales como la forma en que cada persona se identifica son datos recabados únicamente para fines estadísticos, pero los servicios se brindan sin distinción.

Actualmente, AHF Guatemala cuenta con cinco sedes, los llamados Centros de Orientación en Salud para Hombres, donde brindan información sobre el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, realizan pruebas rápidas de VIH y sífilis y entregan condones, todo esto de forma gratuita y confidencial.

El trabajo de estos centros se enfocó inicialmente a los hombres porque se observó que eran ellos los que, de alguna manera, se exponían primero al VIH, por ejemplo, al migrar de su comunidad a otra más grande para trabajar, y tener en ese lapso relaciones sexuales sin protección. Después regresaban a su lugar de origen y transmitían el VIH a sus esposas. 

Sin embargo, la atención en los centros no es exclusiva para ellos, pues cualquier persona, incluso jóvenes y adolescentes, pueden beneficiarse de los servicios.

Retos futuros

En la atención a la población indígena, todavía queda mucho trabajo por hacer. Como primer tema pendiente, Saúl Paaú considera que es necesario hacer una alianza con el consejo de guías espirituales, una especie de consejo de ancianos que es la máxima autoridad simbólica, cultural y legal de los indígenas de cierto territorio. “Nos ha faltado acercarnos a estos ancianos en las zonas donde estamos trabajando”, reconoce.

Asimismo, sigue siendo necesario acercar los servicios a más zonas. Por ejemplo, el departamento de Quiché, que tiene más de dos millones de personas y casi el 90% de ellas son indígenas. “Ahí nadie hace pruebas rápidas, no tienen servicios clínicos; tienen que viajar a la ciudad y ese viaje dura casi 8 horas”, por lo que considera que el siguiente paso de AHF Guatemala debe darse hacia allí. 

Para Humberto López, una de las partes del trabajo que la organización debe fortalecer es la promoción del uso del condón. Aquí, como en muchas otras partes del mundo, un alto porcentaje de infecciones de VIH se deben a relaciones sexuales sin protección. Por esto, considera importante hacer énfasis en el mensaje de que esta herramienta es fundamental para evitar la transmisión.

Pero estos y otros retos se enfrentan a un panorama político muy adverso. El gobierno actual, ha revertido algunos de los logros en salud sexual y reproductiva que se habían conseguido hasta antes de 2020.

Así lo explica Marleny Negreros: “Antes de que asumiera este gobierno se había avanzado bastante, teníamos la Ley de Desarrollo Social que mencionaba la capacitación de niñas y niños desde el quinto grado de primaria en temas de salud sexual y reproductiva, pero ahora se aprobó una política pública sobre la protección dela vida y la familia, indicando que quien tiene la potestad de decidir si educa a sus hijos en estos temas es únicamente la familia”.

Además, menciona Marleny, se modificó la ley de organizaciones civiles y está prohibido hacer manifestaciones públicas por ser consideradas alteración del orden público. Todo esto dificultará el trabajo de la organización, pues “ya no nos ven como aliados sino como enemigos”. 

Así, será necesario cambiar las estrategias para recordar al gobierno que AHF Guatemala es “una organización interesada en contribuir a la respuesta al VIH, en continuar ayudando a la población, en evitar más muertes y que se puedan salvar más vidas”, concluye.