Saunas: placer entre el vapor

Saunas: placer entre el vapor

En el antiguo imperio romano, los baños públicos eran un espacio para socializar. Era un punto de reunión para hombres y mujeres que aprovechaban el tiempo de higiene y embellecimiento para ponerse al día con las noticias de su comunidad.

En parte, lo que motivó la supervivencia de estos lugares hasta la época moderna fue el surgimiento de grandes urbes para las cuales el suministro de agua no era suficiente, así que eran una solución práctica para que las personas pudieran asearse. Así, aún hasta nuestros días –en el mundo pre pandemia, por supuesto–, los saunas continúan siendo un espacio público donde compartir en un ambiente de relajación.

Solo para hombres

Pero en algún punto de la historia, muchos hombres comenzaron a compartir más que las últimas noticias. Se podía visitar solo de dos maneras: en familia o solo, si eras hombre. Fue así que esos negocios se volvieron predominantemente masculinos, y comenzaron a dar paso a relaciones sexuales entre los visitantes.

Desde hace por lo menos un siglo, los saunas se consagraron como lugares de encuentro gay, pues era un sitio seguro para tener intimidad lejos de la mirada pública. Al menos, era más seguro que un hotel (a donde difícilmente se permitiría el paso a dos hombres) o en la casa de alguno de los involucrados.

Los encuentros sexuales casuales y clandestinos encontraron en el vapor un aliado. Todos sabían lo que pasaba, pero podían hacerse de la vista gorda o mirar de reojo si les interesaba, en medio de una visión borrosa o de un cuarto a media luz. Los visitantes eran de todo tipo: homosexuales asumidos, hombres “curiosos” o algunos otros varones que, a cambio de ciertas tarifas, ofrecían servicios sexuales a los parroquianos.

Asociados a casos de sida

No es casual que, en 1981, con la aparición de los primeros casos de sida en San Francisco, el ayuntamiento de la ciudad buscó cerrar los saunas como una medida para contener la transmisión de lo que en ese momento desconocían, y sólo era concebido como una enfermedad mortal que se propagaba entre la población gay.

Para la comunidad de homosexuales en esa y otras ciudades de Estados Unidos, esa posibilidad era inadmisible, pues se daba justo cuando la lucha por la libertad sexual parecía haberse consolidado. Ceder sus espacios de encuentro representaba un retroceso en lo conquistado, por lo que mantener los saunas abiertos fue una lucha simbólica, más que sanitaria.

Hoy en día, en muchas ciudades del mundo puedes encontrar este tipo de negocios con un carácter abiertamente gay, mientras que otros que no se han asumido así permanecen en funcionamiento, albergando algún que otro secreto entre sus paredes. Y tú, ¿conoces alguno en tu ciudad?

En AHF América Latina el El Caribe creemos que todas las personas son libres para disfrutar su sexualidad y su vida como quieran de una manera responsable. En nuestros wellness center y centros aliados tenemos paquetes de condones y lubricantes gratis, visitanos para recibir el tuyo.