Manejo de dos enfermedades crónicas: diabetes y VIH

Manejo de dos enfermedades crónicas: diabetes y VIH

A partir de 1996, cuando fue creado el primer esquema de tratamiento para detener el VIH, se comenzó a hablar de esa infección como algo manejable, que se había convertido en una enfermedad crónica “como la diabetes”.

Esta última es una enfermedad caracterizada por la incapacidad del cuerpo para producir insulina, la cual procesa los azúcares, y es una de las afecciones crónicas más frecuentes. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en el continente americano hay unos 62 millones de personas con diabetes, en comparación con 2.6 millones de personas que viven con VIH en la región.

Por probabilidad, es muy posible que una persona con VIH tenga también diabetes, pero quizás la comparación entre lo “manejable” que puede ser una y otra afección no es tan simple como parece.

El reto de la diabetes

En muchos casos y para muchas personas (incluido el personal de salud), la infección por VIH se ha vuelto una condición de salud más fácil de manejar que la diabetes, según lo reporta el sitio web TheBody.com, especializado en temas de VIH.

Aunque la ciencia de los medicamentos contra la diabetes ha avanzado mucho en los últimos años, la enfermedad, en general, sigue siendo muy difícil de manejar, ya que no responde sólo a los medicamentos, sino que requiere cambios en el estilo de vida.

Hoy en día, el VIH puede ser tratado con sólo una píldora al día, o incluso con inyecciones cada mes o cada dos meses, pero la diabetes involucra, necesariamente, un cambio en los hábitos. “Las personas deben aprender a elegir alimentos más saludables, a reducir o eliminar su consumo de alcohol y a ejercitarse”, declaró el doctor Mark Watkins al portal electrónico. Además, deben medir el azúcar en sangre de dos a cuatro veces al día y tomar múltiples medicamentos, lo que hace más complejo el tratamiento.

Historias personales

Vivir con diabetes y con VIH tiene diferentes implicaciones para las personas. El mencionado sitio web solicitó, a través de redes sociales, testimonios de quienes quisieran compartir sus experiencias.

Michael, un residente de San Diego de 61 años, fue diagnosticado con VIH en 1990 y con diabetes en el año 2000, y considera que la diabetes es “por mucho, más complicada de sobrellevar en este momento”. Recuerda que el VIH era un reto antes de los primeros medicamentos disponibles, pero a partir de que inició su tratamiento en 1996, pudo retomar su empleo y sus actividades. “El VIH ha sido sólo un asunto de pruebas de sangre y algún cambio ocasional en los medicamentos”.

Por otro lado, la diabetes ha sido “una batalla constante”, afirma. Dice haber tomado muchos medicamentos por años, y que su nivel de azúcar en la sangre a veces está bien, pero luego, sin una causa aparente, “se vuelve loco”, lo cual lleva a un cambio de medicamentos y el uso de insulina, además de una supervisión constante de dieta y ejercicio.

Sumado a esto, debe pincharse diariamente para medir sus niveles de azúcar en sangre y su medidor de glucosa envía estos datos directamente a su médico, lo cual considera “bastante más invasivo” que cualquier cosa que tenga que ver con el VIH.

Esfuerzo constante

William, de 57 años, quien vive en Filadelfia, fue diagnosticado con VIH en 1997 y dice que el tratamiento para esta infección no le significó gran cosa. En contraste, las complicaciones de su diabetes lo llevaron a someterse a múltiples operaciones que intentaban salvar uno de sus pies, el cual terminó siendo amputado.

Cuenta que hace siete años se sometió a una operación de bypass gástrico, que se usa para reducción de peso, y logró bajar de unos 181 kilos a 69, lo cual llevó a su diabetes a remisión. Antes de eso, recuerda, “vivir con las complicaciones de la diabetes era física, emocional y mentalmente deprimente”.

Los médicos especialistas reconocen que frenar la diabetes implica aprender nuevos hábitos y que no se puede cambiar totalmente la vida de una persona de la noche a la mañana. Hay que dar pasos pequeños, uno a la vez.

Dejar las bebidas azucaradas, por ejemplo, es un paso que, por sí solo, puede hacer un gran cambio. Caminar más o tomar las escaleras en lugar del ascensor son otras decisiones diarias que pueden comenzar a contribuir con la salud.

Y si vives con VIH, muy probablemente tienes acceso a un equipo médico que incluye la asesoría en nutrición, lo cual puede ayudarte a aterrizar aún más los cambios necesarios para contrarrestar la diabetes.

Recuerda que para vivir bien con VIH, la atención médica es clave. Si no has iniciado tu tratamiento antirretroviral o lo suspendiste y quieres retomarlo, acércate a AHF América Latina y el Caribe y te asesoraremos. Localiza aquí nuestras oficinas en tu país.