Menstruar es parte natural de la vida, pero para millones de niñas, adolescentes, mujeres y personas menstruantes en América Latina y el Caribe, gestionar el periodo sigue siendo un reto económico. El costo de productos básicos y las barreras de acceso continúan profundizando desigualdades que afectan la salud, la educación y la dignidad.
Cada mes, millones de personas en América Latina y el Caribe tienen que destinar parte de sus ingresos a productos esenciales para gestionar su menstruación. Toallas sanitarias, tampones o copas menstruales siguen siendo inaccesibles para muchas personas, no solo por su precio, sino porque en numerosos países todavía pagan impuestos como si fueran productos no esenciales.
Aunque la menstruación es un proceso biológico natural, su gestión continúa siendo un desafío para quienes viven situaciones económicas difíciles o enfrentan barreras sociales, educativas o de infraestructura.
En el marco del Día Internacional de la Salud Menstrual, que se conmemora cada 28 de mayo, desde AHF América Latina y El Caribe impulsamos una conversación urgente: menstruar no debería ser un privilegio condicionado al nivel de ingresos.
¿Qué es la pobreza menstrual?
La pobreza menstrual no se trata únicamente de no poder comprar toallas sanitarias o tampones.
También incluye la falta de acceso a agua potable, baños seguros, privacidad, educación menstrual e información clara para vivir el periodo sin miedo, vergüenza o estigma.
De acuerdo con datos de organismos internacionales, cerca de 500 millones de personas en el mundo viven alguna forma de pobreza menstrual. En América Latina, distintos estudios estiman que hasta 30 % de niñas y adolescentes han faltado a la escuela durante su periodo, ya sea por no contar con productos menstruales, agua segura o instalaciones adecuadas.
Esta situación afecta especialmente a personas en situación de pobreza, migración, calle, privación de libertad o pertenecientes a comunidades indígenas.
¿Por qué importa eliminar impuestos a productos menstruales?
Porque menstruar no es opcional.
Cuando productos básicos de gestión menstrual tienen impuestos elevados, el impacto económico recae directamente sobre quienes los necesitan cada mes.
En gran parte de América Latina y el Caribe continúan aplicándose impuestos que van desde el 10 % hasta más del 20 % sobre productos menstruales. En países sudamericanos, el promedio de carga fiscal supera el 15 %, mientras que en varias naciones del Caribe alcanza hasta el 18 %.

Algunos países ya han comenzado a avanzar.
En Colombia, el IVA a productos menstruales fue eliminado en 2018, tras un fallo histórico de la Corte Constitucional que determinó que gravar artículos esenciales para la menstruación profundizaba la desigualdad y afectaba de forma desproporcionada a mujeres y personas menstruantes. En México, desde 2022 existe tasa cero de IVA para productos de gestión menstrual, luego de que el Congreso reconociera que toallas sanitarias, tampones y otros insumos no son bienes de lujo, sino productos esenciales para la salud, la dignidad y la igualdad. La medida representó dejar de recaudar cerca de 880 millones de pesos mexicanos al año para reducir el costo económico asociado a la menstruación y combatir la pobreza menstrual.
En el Caribe, Jamaica fue uno de los primeros países de América en eliminar el General Consumption Tax (GCT) sobre productos de higiene menstrual desde 2012, marcando un precedente regional en el acceso a la salud menstrual. Sin embargo, el debate continúa: organizaciones locales señalan que aún existen aranceles y costos de importación que pueden representar cerca de 20 % del precio final de algunos productos menstruales, manteniendo barreras económicas para mujeres y niñas, especialmente en hogares de bajos ingresos. Diversos grupos de advocacy han advertido que el gasto anual en productos de higiene menstrual sigue representando una carga significativa para muchas familias jamaicanas y han pedido eliminar cualquier obstáculo fiscal restante.
Brasil, por su parte, ha seguido un proceso gradual hacia la reducción de barreras económicas relacionadas con la menstruación. Aunque todavía no existe una eliminación total y uniforme de impuestos a nivel nacional, varios estados —incluido Río de Janeiro— comenzaron a reducir la carga tributaria sobre productos menstruales, mientras las recientes reformas fiscales federales incorporaron productos de salud menstrual dentro de categorías de bienes esenciales con reducciones significativas o posibles exenciones tributarias. Este avance refleja un reconocimiento creciente de que la menstruación debe tratarse como un asunto de salud pública y justicia social, no como un gasto prescindible.
Datos recientes de la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual en México muestran que, después de eliminar el IVA, disminuyó el porcentaje de personas que reportaban dificultades económicas para adquirir productos menstruales, pasando de 30 % a 21 %. No obstante, especialistas coinciden en que eliminar impuestos es apenas un primer paso: reducir la pobreza menstrual requiere también educación menstrual, acceso a agua potable y baños seguros, disponibilidad gratuita o asequible de productos de higiene menstrual y políticas públicas integrales que permitan gestionar la menstruación con dignidad, salud y sin estigma.
La salud menstrual también es salud, dignidad e igualdad.
Hablar de menstruación no debería ser incómodo.
La salud menstrual tiene relación directa con el bienestar, la educación, la igualdad y la posibilidad de vivir el día a día sin barreras.
Nadie debería faltar a la escuela, limitar sus actividades o sentir vergüenza por no tener acceso a productos menstruales o información confiable.
Desde 2019, AHF América Latina y El Caribe ha distribuido más de 1 millón de productos de higiene menstrual, incluyendo copas menstruales, kits de higiene y materiales educativos. Solo en 2025, las actividades de la organización impactaron directamente a cientos de miles de personas en 12 países de la región.
Este año continuaremos impulsando actividades comunitarias, jornadas educativas y distribución de productos menstruales en distintos países para seguir promoviendo una idea simple, pero urgente: menstruar nunca debería ser un lujo.





